segunda-feira, 14 de novembro de 2011

Sociologia do Ciberespaço

O mundo virtual  estrutura espaços para a discussão de interesses comuns, locais de interacção formam-se à medida que os interesses surgem. Locais que se tornam espaços de encontro de características virtuais onde o tempo e o espaço reais não são condicionantes da interacção entre sujeitos provenientes das zonas geográficas mais díspares. "Que semelhanças e diferenças podemos vislumbrar entre esse tipo de comunicação e aquela a que mais usualmente nos encontramos habituados? Tal como a comunicação interpessoal, também aqui a interacção é construída com base na participação, o seu conteúdo é fruto da própria audiência. Tal como os meios de comunicação de massas, ela envolve audiências alargadas. Mas estas redes e as suas diversas parcelas não podem ser consideradas nem meios de comunicação de massas, no sentido tradicional da palavra, nem como comunicação puramente interpessoal. Encontramo-nos assim perante um novo fenómeno. A emergência de grupos de discussão mediados por computador vem colocar-nos um conjunto alargado de questões de carácter comunicacional. Qual a estrutura e quais as interdependências que regem estas redes, ou se preferirmos qual a sua "ecologia"? Qual é o seu conteúdo temático e quais as construções subjacentes ao mesmo? Podemos encarar este meio enquanto complementar dos já existentes ou como seu substituto? Quais serão os efeitos sociais destas redes: quais as transformações para o conhecimento, para as relações económicas e de consumo, para a esfera política? Estas são apenas algumas das questões que se nos colocam na análise deste novo espaço de interacção social".

A reflexão acima é do lusitano Gustavo Cardoso, autor do livro Para uma Sociologia do Ciberespaço (Celta, 1998). Uma obra que vale a leitura. De certo modo, trata-se de uma reflexão que guarda semelhanças com a que desenvolvi no livro Novas Tecnologias, Trabalho e Educação: Desorganizando o Consenso, também publicado em solo luso (Lisboa, Edições Dinossauro).    

Para uma Sociologia do Ciberespaço

domingo, 13 de novembro de 2011

Nuestra América, nuestra canción, nuestro corazón

Quando estive em Buenos Aires em junho último, quedou-me a impressão, mais uma vez, como nas viagens anteriores, que o Brasil poderia fazer mais pelo processo de integração na América do Sul. Há anos, por cá, deita-se retórica, mas, em matéria de avanços mais significativos, nada. Apesar das excelentes possibilidades de intercâmbio cultural e da efervescência artística e intelectual de uma cidade como Buenos Aires, o Mercosul patina. Um bom caminho parece ser começar tratando das questões em torno da relação educação e trabalho no bloco. É disto que o artigo abaixo trata, resultado de uma intervenção que fiz em Buenos Aires.  À lá Mercedes Sosa, el Mercosur es Nuestra América, nuestra canción, nuestro corazón.




MERCOSUR, EDUCACIÓN Y TRABAJO: DESAFÍOS POST-NEOLIBERALES

IVONALDO LEITE

El Mercosur fue creado como una zona de libre comercio entre Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. El bloque tiene una población de aproximadamente 266 millones de habitantes y un PIB de más de 2,2 trillones de dólares. Actualmente, Venezuela también está en proceso de adhesión al Mercosur, así como hay aún un grupo de países que no son sus miembros efectivos, pero negociaran el status de Estados Asociados, como es el caso de Bolivia, Chile y Ecuador.

No obstante el bloque ha sido creado como una zona de libre comercio, tiene proyectado evolucionar en la perspectiva de una integración que supera la esfera económica y asuma una dimensión política y sociocultural.

En ese sentido, puede ser mencionada la forma como la estructura del Mercosur ha sido definida. Ella es constituida por el Consejo del Mercado Común (CMC), órgano supremo que trata del proceso de integración; por el Grupo Mercado Común (GMC), órgano de decisión técnica, que fija los programas de trabajo y negocia acuerdos con terceros en nombre del Mercosur; por la Comisión de Comercio del Mercosur (CCM), responsable por auxiliar el CMC; por la Comisión Parlamentar Conjunta (CPC), órgano embrión del Parlamento del Mercosur; por el Foro Consultivo Económico Social (FCES), órgano consultivo que representa los sectores de la economía y de la sociedad; y por la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur (CRPM), que es un órgano permanente del CMC. Además, hay las instancias orgánicas, como el Foro de Consulta y Concertación Política (FCCP), el Observatorio del Mercado del Trabajo (OMT) y la Comisión Sociolaboral (CSL).

En relación a la educación, hay el Sector Educacional del Mercosur (SEM), que tiene un Plano Estratégico, con las siguientes directrices: Creación y actualización de espacios virtuales para publicar materiales y productos resultantes de encuentros y seminarios; elaboración de indicadores de educación y tecnologías; publicación de indicadores de la Educación Básica, Medea y Superior; elaboración de un Glosario de la Educación Técnica e Tecnológica; difusión de programas de intercambios; difusión de las acciones del SEM en los sistemas educacionales nacionales; favorecer la circulación de conocimientos entre los países del bloco; fortalecer los lazos nacionales del sistema de información y comunicación; y planear políticas de información, comunicación y gestión del conocimiento.

Además, está en andamiento el proceso de creación de la Universidad de la Integración Latino-americana (UNILA), así como, en Brasil, recientemente, el gobierno oficializó la institución del castellano en las escuelas publicas teniendo como meta universalizar su adopción.

En relación al mercado de trabajo y a la formación profesional, fue asignado, por ejemplo, un acuerdo de cooperación bilateral entre los Ministerios del Trabajo de Brasil y Argentina para desarrollar acciones de capacitación y certificación profesional de trabajadores brasileños y argentinos, en la expectativa que esa iniciativa sea ampliada a los demás países del Mercosur. También, en la reunión del Cumbre de los Presidentes de 2002, realizada en Brasilia, fue establecida la Área de Libre Residencia con Derecho a el Trabajo entre los países del bloque, que reconoce la libre circulación de los diferentes ciudadanos nacionales en busca de alternativas profesionales.

Sin embargo, la agenda que el Mercosur ha adoptado últimamente es un reflejo de la mudanza de gobiernos en la región. Aunque que se tenga críticas a los gobiernos de izquierda del bloque(o centro-izquierda), no se pude decir que continua en marcha una onda neoliberal semejante a la de los años 1990 en América del Sur. Ha sido iniciado un proceso de ruptura con el neoliberalismo. Es un proceso más acentuado en algunos casos y menos intenso en otros.

Así la cuestión que se platea es la indagación sobre el carácter de las políticas del Mercosur. Los cambios en la región demandan la formulación de políticas post-neoliberales. Eso es un desafío porque significa enfrentar intereses internos en cada país de los grupos privatistas (muchas veces asociados a las transnacionales) y contrariar orientaciones de organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

En lo que concierne a las políticas educacionales, por ejemplo, durante los años 1990 (la década neoliberal), los ministerios de la educación de la región fueran prácticamente gestionados por técnico-políticos del Banco Mundial. Las consecuencias de eso son bastante conocidas: desatención a la escuela pública y la difusión de una concepción de educación instrumental, no comprometida con la formación integral del ser humano. Es esa lógica que las políticas post-neoliberales en educación en el Mercosur deben superar.

En efecto, se demanda de las acciones adoptadas en el bloque, en función de la relación educación y trabajo, una nueva conceptualización de los temas que marquen la formación profesional. Es preciso enfrentar conceptualmente nociones como capital humano y empleabilidad, así como tener en cuenta las efectivas características del mercado de trabajo del Mercosur, evitando de esa forma las formulaciones generales y abstractas que muchas veces no tiene correspondencia en la realidad de la región.

Por lo tanto, establecer una agenda educacional post-neoliberal es una condición imprescindible para el avanzo de la integración en Mercosur, con el proceso integracional asumiendo una perspectiva de autonomía política y sociocultural.

sábado, 12 de novembro de 2011

Henri Lefebvre

Escrevi o artigo abaixo há já, vamos lá, seis anos, para um evento no estrangeiro. Contudo, não lhe faço nenhum reparo. Hoje o reescreveria tal e qual. A meu ver, a atualidade de Lefebvre é marcante, e é uma pena que as novas gerações não o estejam lendo. Na filosofia, na sociologia, na geografia, na arquitetura, etc., os seus contributos são de inestimável valor. Parte da minhas ideias sobre Lefebvre amadureci-as no diálogo com o meu amigo Carlos Machado (Universidade Federal do Rio Grande/RS). 


LEFEBVRE: SPACE IN THE DIALECTIC    

The dialectic is back on the agenda. But it is no longer Marx’s dialectic, just as Marx’s was no longer Hegel’s.
(Henry Lefebvre)


IVONALDO LEITE
The dialectic is the centripetal of Henri Lefebvre’s many interests. Focusing on dialectical materialism as a general method developed by Marx but applied by him only a limited number of fields, Lefebvre proposed dialectical materialism as a universal method.  As Rob Shields says[1], while Althusser and “scientific Marxists” saw economics and materialism as the legacy of Marx, Lefebvre saw dialectic materialism as the rigorous core of Marx’s insight. The dialectic itself thus became the cornerstone of Lefebvre’s philosophical critique of the formal logic of traditional philosophies.
Like Marx and Engels, Lefebvre found the positive aspect of Hegel’s dialectic in his phenomenology, where he was not content simply to record the content of thought but attempted to develop a method that comprehended its ongoing process of production, autopoesis and change. Seizing life only in terms of logical concepts and celebrating the realisation of mind in social institutions such as the state – which act progressively against the people – is rejected as a form of alienation. This is why whole history of alienation is nothing more than the history of the production of abstract thought, of speculative, logical thought.
Marx and Engels had built upon the work of Feubarch, who exposed a fatal flaw in Hegel’s system: if mind becomes nature and matter, then matter becomes mind, dissolving the basis of Hegel´s dialectic. Feuerbach argued that philosophy was systematic religion, and he proposed setting individuals and their relationships with each other in the core of any post-Hegelian philosophy. Marx’s and Engels’ addition was to reconceptualise individuals as concrete social beings in definite historical-geographic relationships. Adopting this materialism, Lefebvre argued[2], Marx and Engels were the first and foremost seeking to deepen humanism and their critique of alienation. Dialectical Materialism seeks to give thought back its force by linking it directly to practice, and moving Hegel’s dialect into concrete social analysis and finally applying it to economic relations before moving on to nature. Lefebvre argue that we in turn must apply the method of dialectical materialism to the contemporary problems. The truth, he says, is to be found in totality. The true is the concrete. Speculation must be transcendent.
However, Lefebvre is not a thinker who only repeats Marx’ and Engels’ arguments about dialectical materialism. He makes an additional contribution. Lefebvre shifts the ground of dialectical materialism from time to space. After his best-known work on space, he draws back from a periodicising historical narrative of the dialectical development of modes of space and their relationship with capital and visuality, substituting an analysis of the spatial extension of capital in the present.  Thus, for him, the contemporary dialectic no longer clings to historicity and historical time, or to a temporal mechanism such as thesis-antithesis-synthesis. This, then, is what is new and paradoxical: the dialectic is no longer attached to temporality. Therefore, refutations of… Hegelian historicity cannot function as critiques of the dialectic.
According to that, Soja proposes what he calls third space as a translation of, on the one hand, Lefebvre’s three-part dialectics of the social production of space[3]. Ross also affirms: “time, said Feuerbach, is privileged category of the dialectic, because it excludes and subordinates where space tolerates and coordinates. Our tendency is to think of space as an abstract, whit physical contexts, as the container for our lives rather than the structures we helped create. The difficulty is also one of vocabulary, while words like ‘Historical’ and ‘Political’  convey a dynamic of intentionality, vitality and human motivation, ‘Spatial’, on the hand, connotes stasis , neutrality and passivity. But the analysis of social space, far from being reactionary or technocratic, is rather a symptom of strategic thought… that poses space as the terrain of political practice… always entails an encounter with history of – or better, a choice of histories”[4].
However, the claim being argued here is that a spatialised dialectic foregrounds a new form of affirmation-negation-negation of the negation found in the old forms of dialectical materialism. We are aware, of course, that neither Hegel nor Marx used the terms thesis, antitheses, syntheses (it is, rather, from Fichte) and that affirmation-negation—negation of the negation is Marx’s and Engels’ formula. The third term of negation of the negation is that alternative route which displaces or reconfigures – divides – the dualism of affirmation-negation. This is the philosophical implication of Lefebvre’s proposition that dialectics could be extended into trialectics in which a position is opened up for otherness within dialectical materialism. Lefebvre himself does not appear to fully grasp or exploit the importance of this shift. His description of a dialectique de triplicité as merely a three-way dialectic consisting of a thesis with not on, but two anti-theses is confusing.
To use the example of Lefebvre’s description of social space, it suggests that practice, thought and imagined space are elements synthesised together in a social spatialization. But this third term is in fact treated more as a negation of the negation than an equal player with the first two, and he uses language that harks back to his old work on the “total person”. Perceived, conceived and lived out are used to describe practice, thought and imagined, respectively. The three make much more sense if they are rethought as a dialectical contradiction of: everyday perception/practice versus spatial theory/concepts relativised by a transcendent, entirely other, moment: creative, fully lived space. If we still insist on counting terms and positions, any notion of a totalising synthesis lies in a fourth, transcendent term, what Lefebvre calls l’espace, itself  - best understood as the spacialization.  
Conclusively, it is possible to show two figures on the subject[5].  One demonstrates the interpretation of Lefebvre’s triple dialectic and another one focuses its implications. See them.

I Affirmation
(Thesis)
e.g everyday practice
and perception
II Negation
(Anti-thesis)
vs. analytical theory
and institutions
III Negation 2
(Otherness)
vs. fully lived moments

IV Synthesis
i.e. social totality

Figure 1:  Common interpretation of Lefebvre’s triple dialectic




I Affirmation
e.g. everyday practice
and perceptions
II Negation
vs. analytical theory
and institutions

IV Analytical
Synthesis
i.e social totality
revealed by theoretical
analysis

III Negation of the negation
(otherness)
both overturned by unpredictable
fully lived moments

Figure 2:  The implications of Lefebvre’s dialectic of triplicity


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NOTES

[1] - See SHIELDS, Rob (1999). Lefebvre, Love and Struggle: Spatial Dialectics. London: Routledge. 

[2] - See LEFEBVRE, Henry (1974). Le matérialisme dialectique. Paris: Press Universitaires de France.

[3] - SOJA, Edward (1996). Third Space. Oxford: Basil Blackwell.  

[4] - ROSS, Kristin (1988). The Emergence of Social Space: Rimbaud and the Paris Commune. New York: Macmillan, page 348.  

[5] - According to SHIELDS, Rob (1999). Lefebvre, Love and Struggle: Spatial Dialectics. London: Routledge. 

Prazer e Crítica: o conceito de diversão no teatro de Brecht

"Desconfiai do mais trivial, na aparência singelo. E examinai, sobretudo, o que parece habitual. Suplicamos expressamente: não aceiteis o que é de hábito como coisa natural, pois em tempo de desordem sangrenta, de confusão organizada, de arbitrariedade consciente, de humanidade desumanizada, nada deve parecer natural, nada deve parecer impossível de mudar". 


Aí está Berdold Brecht. Como poucos, talvez, ele bem soube açular a movimentação estética com as tintas da dialética marxiana na poesia e no teatro. Um teatro épico e descritivo que traz à baila os temas sociais vertidos pelo pendor dialético. Um teatro que (fechem os ouvidos os popperianos e seus derivados) é arte e ciência. A propósito, na língua de Camões falada cá nos trópicos sul-americanos, está na praça um bom trabalho intitulado Prazer e Crítica: o conceito de diversão no teatro de Bertold Brecht (Editora Annablumme), de Francimara Nogueira Teixiera. A publicação resulta de uma Dissertação de Mestrado, apresentada na USP. E (que boa notícia!) pode-se fazer o download do livro aqui: http://scholar.google.com.br/scholar?start=100&q=Bertold+Brecht&hl=pt-BR&as_sdt=0







quinta-feira, 10 de novembro de 2011

Do namorar e do ficar: subjetividades sob o foco da ciência social

Abordando sexualidade, amor e erotismo nas sociedades modernas, a ciência social contemporânea, através de Anthony Giddens, já pôs em realce a chamada sexualidade plástica, ou seja, a sexualidade liberada da sua intrínseca ligação com a reprodução. Trata-se de um campo de estudos que, mutatis mutandis, pode ser denominado de uma sociologia das relações amorosas. Seja como for, o fato que é a ciência social contemporânea, nas pegadas dos clássicos sobre história da sexualidade, tem avançado significativamente na temática das relações amorosas e suas variáveis. Neste sentido, como questão recente, temos abordagens sobre o namorar e o ficar.  Como as análises têm definido o ficar? De modo geral, a tinta que corre da análise social diz que o ficar é marcado pela ausência de compromisso, de limites e de regras estabelecidas. C'est dire, o que pode e o que não pode é delineado no preciso momento em que o relacionamento acontece.  Já vai longe, portanto, a primazia do enfoque sociológico clássico a respeito da família como grupo e instituição social... O ficar inscreve-se no paradigma da contemporaneidade que privilegia a compressão do tempo. Conecta-se com outras subjetivações produzidas nas sociedades contemporâneas. Quer saber mais? Então leia o artigo de José Sterza Justo (UNESP) sobre o assunto, aqui:  http://www.scielo.br/pdf/rdpsi/v17n1/v17n1a05.pdf

Subjetividade
Reprodução Proibida, quadro do pintor surrealista René Magritte: subjetividades em jogo 

quarta-feira, 9 de novembro de 2011

O romantismo na contramão da modernidade

Publicado nos anos 1990 em França, o "Revolte et mélancolie: le romantisme à contre-courant de la modernité", de Michael Löwy e Robert Sayre, ganhou tradução literal na edição brasileira - "Revolta e melancolia: o romantismo na contramão da modernidade". A resenha que José Correia Leite elaborou do livro permite uma pertinente apreensão da sua perspectiva. Reproduzo-a abaixo.

 

Por José Correia Leite


Revolta e melancolia, de Michael Löwy e Robert Sayre, coroa um ambicioso esforço teórico, perseguido pelos autores há quase duas décadas: sistematizar a análise da visão social de mundo romântica. Numa erudita viagem por dois séculos de cultura ocidental, os autores constroem um novo conceito de romantismo. Este deixa de ser, conforme aprendemos na escola, uma corrente da cultura do século XIX e passa a ser entendido como uma estrutura mental coletiva co-extensiva à própria modernidade - o romantismo surge com a revolução industrial e perdura até hoje. A visão de mundo romântica é "por essência anticapitalista" (p. 30), é a "autocrítica da modernidade", o reconhecimento da perda que ela representou. O romantismo se manifesta em todas as esferas da sociedade e os autores destacam não apenas suas expressões artísticas, mas principalmente teóricas, filosóficas e políticas. Esta reconceituação oferece uma bússola importante para nos situarmos no universo cultural e teórico dos últimos 150 anos.

O romantismo sempre rejeita o mundo moderno como inautêntico, um retrocesso face a valores e ideais do passado, um passado real ou imaginário - a Idade Média idealizada dos cavaleiros, a Grécia clássica, o comunismo primitivo ou uma Idade do Ouro qualquer.

Os românticos investem contra aspectos centrais da civilização burguesa: o desencantamento do mundo, apontado no Manifesto Comunista e destacado por Weber; a sua quantificação, a perda dos antigos valores qualitativos o desenvolvimento do etos capitalista; a mecanização do mundo, a ruptura dos vínculos orgânicos que ligavam os seres humanos entre si nas comunidades pré-capitalistas e estas à natureza; a abstração racionalista, que ignora o concreto e tudo que não pode ser racionalizável; a dissolução dos vínculos sociais, o isolamento das pessoas por um individualismo cada vez mais desenfreado.

Estes valores permeiam posições que compreendem todo o espectro político. Löwy e Sayre desenvolvem uma tipologia indicativa das formas mais características de romantismo: os romantismos restitucionista, conservador, fascista, resignado, reformador e revolucionário e/ou utópico. Mesmo o romantismo revolucionário, que mais interessa aos autores, compreende diferentes tendências (jacobino-democrática, populista, socialista utópico-humanista, libertária, marxista).

A crítica romântica da modernidade capitalista surge na Inglaterra, na França e na Alemanha com a filosofia das luzes e desenvolve com ela uma relação complexa, usualmente (ainda que nem sempre) de oposição; um dos principais expoentes do início do romantismo foi Rousseau. Como afirmam os autores, "o romantismo também se apresenta como uma radicalização, uma transformação/ continuação da crítica social do iluminismo" (p. 89). A oposição entre eles se acentua no curso do século XIX na medida em que a civilização industrial se impõe, mas a referência a um passado pré-capitalista ainda é muito forte. No século XX, tivemos a globalização do fenômeno romântico e, em alguns casos, o seu reavivar como reação à "dialética do iluminismo" e às catástrofes da modernidade, apesar dele ter que enfrentar uma forte concorrência das formas de pensamento fascinadas pela vida moderna.

Marx se insere na trilha do iluminismo, mas o romantismo constitui "uma das fontes esquecidas" do seu pensamento (p. 135) - embora ele nunca tenha compartilhado com os românticos típicos a aspiração à volta ao passado. Suas idéias "não eram nem românticas nem modernizadoras, mas uma tentativa de Aufhebung dialético das duas, em uma visão de mundo nova, crítica e revolucionária, nem apologética da civilização burguesa, nem cega às suas realizações" (p. 148).

A constituição posterior de um "marxismo radicalmente anti-romântico, modernizador, evolucionista e incondicionalmente admirador do progresso capitalista-industrial" (p. 141) vai arrefecer a sua capacidade crítica. Face a essa corrente fria do marxismo, uma corrente quente vai ser permanentemente alimentada pelo impulso do romantismo revolucionário e/ou utópico - retomado, entre outros, por Rosa Luxemburg, Georg Lukács, William Morris, Ernst Bloch, Walter Benjamin, Marcuse, Henri Lefebvre, E. P. Thompson e Raymond Williams. A rejeição romântica da modernidade, que sustenta esta corrente quente, está presente também nos movimentos culturais de vanguarda (como o simbolismo, o expressionismo e o surrealismo) e em alguns novos movimentos sociais e religiosos: a ecologia, o pacifismo, a teologia da libertação etc.

No fundo está em jogo para os autores o futuro do marxismo e do pensamento socialista, que para eles reside na sua capacidade de dialogarem e incorporarem aspectos decisivos da crítica romântica da modernidade capitalista.

Eles apontam os pontos cegos do romantismo, como sua idealização do passado, seu repúdio em bloco da modernidade ou suas perigosas afinidades (parciais) com o modernismo reacionário que está na base do fascismo. Mas sustentam que face ao impasse da modernidade capitalista e ao colapso do socialismo realmente existente (que pretendia radicalizar a modernidade, desconhecendo o caráter de civilização global do capitalismo, e que terminou reproduzindo suas taras mais elementares), o romantismo tem revelado "força crítica e lucidez diante da cegueira das ideologias do progresso" - os românticos "foram os únicos a perceber os perigos inerentes à lógica da modernidade" (pgs. 321/2).

Entre "tradição e modernidade, retorno ao passado e aceitação do presente, reação obscurantista e progresso devastador, coletivismo autoritário e individualismo possessivo, irracionalismo e racionalidade burocrática" (p. 323), a saída é "a superação dialética dessas oposições em direção de uma nova cultura, uma nova unidade com a natureza, uma nova comunidade. Essas formas novas distinguem-se radicalmente das manifestações pré-capitalistas por integrarem determinados momentos essenciais da modernidade" (p. 324). Para Löwy e Sayre, "sem utopias deste tipo, o imaginário social seria limitado ao horizonte estreito do realmente existente e a vida humana a uma reprodução alargada do mesmo". E como "sem nostalgia do passado, não pode existir sonho autêntico de futuro... a utopia será romântica ou não será" (p. 326).

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A depressão no espelho: o social invertido e o desencanto do riso

Uma pertinente entrevista do sociólogo Alain Ehrenberg (CNRS-Universidade de Paris V) bem demonstra o quanto a ciência social dispõe de instrumentos para tratar de temas como depressão e similares. Vale a pena conferir.


MICHEL BOTBOL — Há cinco anos o senhor publicou La fatigue d'être soi,1 um livro sobre a depressão, no qual se observa que esta questão foi abordada de modo muito original do ponto de vista sociológico. Pareceu-me que, para o senhor, a depressão era um pretexto, que ela lhe interessava sobretudo como objeto antropológico, um marcador social.

ALAIN EHRENBERG — Em meus trabalhos, defendo uma concepção antropológica da sociologia, que consiste, seguindo a lição de Marcel Mauss, em tentar apreender "o homem total". Isto implica trabalhar sobre domínios particulares, como a patologia mental, não apenas para fazer uma sociologia especializada, mas também uma sociologia geral — neste caso, compreender certas mudanças na individualidade contemporânea. Com relação à depressão, esta postura me conduziu a colocar dois objetivos interligados, tal como indico na introdução do livro: explicar não só o sucesso médico, mas também o sucesso social da depressão. Sucesso médico porque podemos dizer que a depressão se tornou o epicentro da psiquiatria por volta de 1970-75, quando os epidemiologistas a consideraram como a patologia mental mais disseminada no mundo. Além disso, ela é tida, na mídia, como 'uma doença da moda' ou 'o mal do século'. Ela acabou por designar a maior parte dos males psicológicos ou comportamentais com que cada ser humano pode se deparar ao longo de sua vida. Nesta dimensão é um sucesso sociológico. E eu quis examinar este duplo sucesso colocando duas questões: a) em que sentido a depressão se tornou a doença mais disseminada no mundo?; b) em que a depressão é reveladora das transformações na individualidade contemporânea?
O senhor diz que fiz isso tomando como 'pretexto a depressão'. Na verdade é ao mesmo tempo um falso pretexto, pois levei a depressão a sério. Quero dizer, constituí um corpus bastante complexo de diversos artigos de revistas e obras psiquiátricas que fui acompanhando por um longo tempo; também investiguei revistas médicas como a Revue du Praticien, para compreender como os psiquiatras se reportavam aos clínicos gerais para explicar o que era a depressão, como era diagnosticada e que estratégias terapêuticas era preciso ter em relação a ela. O terceiro nível foi umcorpus de revistas, sobretudo femininas, para entender como a depressão era explicada ao grande público. Nos anos 1960, por exemplo, os jornalistas insistem sobre o fato de que a depressão não é loucura ou preguiça. E os dois objetivos são: fazer com que os leitores reconheçam os sintomas e fazer com que possam procurar um médico. O mal é curável, se pensa na época. Trata-se de trabalhar a depressão em seus aspectos técnicos, o que me levou a olhar pelo lado da psicanálise, da psicofarmacologia, da neurobiologia ou da epidemiologia. Minha finalidade era apresentar um panorama global através do exame da pluralidade de suas facetas. Centrei meu trabalho sobre a história do raciocínio psiquiátrico, sobre os problemas com os quais os psiquiatras se defrontam no diagnóstico e o atendimento terapêutico da depressão, sobre como eles os resolvem e... sobre os problemas que as próprias soluções colocam. Tentei cruzar estes aspectos com a história dos modos de vida, inserindo a depressão no contexto das transformações das normas sociais.
Meu campo de investigação era sobretudo a França. Todavia, foi preciso, sem dúvida, fazer um gigantesco desvio, visto que, como todos sabem, a partir dos anos 1970 ocorre nos Estados Unidos uma mudança fundamental da clínica psiquiátrica: o DSM III.2 Assim, este viés também teve de ser levado em conta.

MICHEL BOTBOL— A propósito do DSM e da transformação radical que representou para o raciocínio psiquiátrico, não se pode considerar que as razões de sua emergência neste momento são as mesmas que se encontram na origem do 'sucesso' da depressão?

ALAIN EHRENBERG — Com freqüência, colocaram-se em evidência razões ideológicas na origem do DSM III. Deixavam-se de lado as razões práticas que levaram a modificar a nomenclatura das patologias mentais, que passou da antiga clínica, em termos de organização psicótica e neurótica, para uma clínica sindrômica. Estudei este movimento no caso da depressão e,grosso modo, considero que a depressão contemporânea começa com a invenção do eletrochoque e não com a descoberta dos antidepressivos. Por quê? Porque a partir desta técnica, nos anos 1940, tem lugar um cenário de controvérsias idêntico ao que se verificou no início dos antidepressivos em 1957-58. Ao observar que a sismoterapia3 não funciona com os esquizofrênicos, mas é bastante eficaz na melancolia, os psiquiatras logo se perguntam se a técnica poderia ser aplicada nas manifestações depressivas menos graves. As discussões se estruturam entre três conceitos de depressão: endógena, neurótica e exógena — esta última sendo, muitas vezes, identificada como neurótica. Há um consenso sobre a eficácia do eletrochoque e dos antidepressivos no primeiro tipo e um desacordo nos dois outros.
De fato, o que é impressionante com relação à depressão é que os psiquiatras permanecem dizendo, tanto em 1950 como em 1990, que não se pode defini-la. Há uma tal floração de sintomas, de formas, etc. É por isto que cito esta frase bem conhecida de Lacan, "a angústia não engana", para mostrar que a depressão é justamente o inverso: a doença enganadora por excelência. O conceito de 'depressão disfarçada' é a finalização desta dificuldade.
Existe, então, não apenas problemas de diagnóstico, mas também problemas para se distinguir entre os diferentes tipos de depressão, tipos que devem determinar a escolha dos tratamentos.
Ora, diferenciar uma depressão endógena de uma depressão neurótica não é uma coisa fácil, sobretudo para o olhar pouco experimentado do clínico geral, pois é justamente a ele que chegam aqueles que, antes, a psiquiatria designava como os 'pequenos mentais' (petits mentaux). Somavam-se a isto os riscos mais importantes que se corriam com os antidepressivos da época, comparados com os de hoje em dia. Daí, resultava uma superprescrição dos ansiolíticos associada a uma subprescrição de antidepressivos.
O DSM III, este gigantesco empreendimento, também foi um meio prático de superar a dificuldade colocada por esta tripartição entre endógeno, exógeno e psicogênico. Certamente, há toda uma variedade de questões em jogo, mas era preciso colocar em evidência os aspectos práticos, absolutamente essenciais, e que não tinham sido considerados de modo devido.

MICHEL BOTBOL — Então, o DSM lhe parece sobretudo um instrumento de estandartização dos diagnósticos e não um outro efeito desta evolução antropológica que provocou o sucesso da depressão.

ALAIN EHRENBERG — Sim, o DSM III traduz, antes, como se sabe, a báscula da psiquiatria em direção a uma "evidence based medecine" (medicina baseada na evidência). Com o DSM III, a depressão passou do estatuto de sintoma ou síndrome nas neuroses e psicoses para o estatuto de entidade clínica autônoma sobre a qual se deve agir de forma direta — principalmente porque se têm os meios para agir. A síndrome se tornou uma entidade clínica.
Vê-se bem, por exemplo, que a psiquiatria sempre considerou os benzodiazapínicos como medicamentos sintomáticos e não como 'verdadeiros medicamentos' curativos. Não é absolutamente o caso dos antidepressivos. Além disso, é bastante fascinante a diversidade de sintomas sobre os quais os antidepressivos atuam. A ponto dos farmacologistas contestarem sua designação de "antidepressivo", sublinhando o fato de que sua ação ultrapassa em muito os sintomas da depressão.

MICHEL BOTBOL — Sem dúvida o senhor sabe que se constata neste momento que os antidepressivos serotoninérgicos buscam e obtêm extensões de AMM4 para as perturbações ansiogênicas generalizadas.

ALAIN EHRENBERG — Isto é algo incrível e também faz parte do domínio de extensão da depressão. No início — temos, se permanecemos em termos sindrômicos — as perturbações de ansiedade, de um lado e, de outro, as perturbações depressivas. E também o constante problema das relações entre ansiedade e depressão.
E temos, depois, os trabalhos dos anos 1960 feitos por Don Klein nos Estados Unidos, um dos importantes promotores do DSM-III e um dos mais vivos opositores da psicanálise — ele era favorável a que se retirasse a noção de neurose do DSM III, inclusive como categoria descritiva. Klein mostra, utilizando a imipramina, a grande eficácia dos antidepressivos nas perturbações ansiosas que se apresentam como crises de angústia. E isso em uma época bem anterior aos serotoninérgicos. A partir daí, a neurose de angústia, de Freud, foi desmembrada em duas síndromes: os ataques de pânico e as perturbações ansiosas generalizadas. Um pouco mais tarde, no início dos anos 1980, cada vez mais aparecem artigos considerando que a perturbação ansiosa generalizada é mais bem tratada pelos antidepressivos do que pelos ansiolíticos. Isto significa que, pelo viés da farmacologia, o continente da ansiedade resvala no da depressão. O mesmo ocorre com a antiga neurose obsessiva, que passa a ser definida como TOC (transtorno obsessivo-compulsivo). Daí decorre a popularidade atual da palavra 'ansiodepressivo', que não está registrada em nenhuma nomenclatura e no entanto é muito empregada. Com este nome se reagrupa um número enorme de pequenos problemas, que podem até ser bastante dolorosos. Não estou falando de patologias graves, mas do mal-estar de qualquer um. Um dos elementos de extensão do paradigma da depressão é, então, o resvalar da ansiedade na depressão, pela via dos antidepressivos. É uma das múltiplas vias de alargamento da etiqueta 'depressão'. Desde pelo menos os anos 1970, o termo 'depressão' é igualmente utilizado para não estigmatizar os pacientes psicóticos, parecendo mais aceitável o diagnóstico de depressão.
Do ponto de vista sociológico, esta evolução se associa a uma transformação marcada, uma transformação de grande amplitude da normatividade social: a passagem de uma sociedade que se refere à disciplina (interdição, obediência, autoridade, etc.) para uma socieadade que se encontra sob o primado da autonomia. A autonomia, isto é, a decisão e ação pessoais. Considero que a palavra 'disciplina', por um lado, e 'autonomia', por outro, são as palavras-chave desta evolução social.
É esta mudança na hierarquia dos valores e das normas que constitui o centro de meu trabalho de pesquisa, quer se trate do esporte, da droga, da televisão ou da depressão. De certo modo, exploro meus mundos da autonomia (e do 'mal-estar') como Foucault explorava os mundos da disciplina (e da loucura). Não que a disciplina tenha desaparecido, mas antes ela se encontra embutida na autonomia que, hoje em dia, lhe é superior em valor. La fatigue d'être soi é um estudo de caso no qual procurei mostrar que na passagem da neurose para a depressão, se passa de uma patologia do conflito — que coloca em cena o desejo —, para uma patologia da insuficiência — que coloca em jogo a questão da ação.
Com a depressão, se reencontra finalmente a concepção de Janet da neurose que marginaliza a concepção freudiana. Sua oposição me serviu de grade de leitura da história da depressão contemporânea.
É preciso lembrar que tudo depende do tipo de leitura que se faça da síndrome depressiva. Pode-se, como o fazem os psicanalistas, considerar a depressão como o sintoma de um estado neurótico absolutamente clássico. Mas também é possível indagar se, em psicanálise, as patologias narcísicas e os estados-limites não desempenham, em relação à neurose, o mesmo papel que a noção de depressão desempenha para a psiquiatria. Fala-se de falha do eu, de carências narcísicas, etc. Será que, afinal, a própria psicanálise não estaria em vias de se transformar em defectologia?5 Esta é, por exemplo, a opinião do psicanalista Raymond Cahn.

MICHEL BOTBOL — Um conflito narcísico ou de competência, de capacidade, vem substituir um conflito de autoridade, de disciplina, de interdito.

ALAIN EHRENBERG — Eu diria que a neurose no sentido de Freud foi, se olhamos as coisas do ponto de vista da sociologia, um modo de nomear a dimensão mental dos problemas gerados pelo tipo de regras sociais da época. Da mesma forma, a depressão, sociologicamente falando, é um modo de nomear certo número de problemas gerados pela regra da autonomia que prevalece hoje, regra que está instituída no sentido de que ela está em todos os espíritos e que nós justificamos nossas ações por meio de palavras emprestadas da linguagem da autonomia.

MICHEL BOTBOL — O que é fascinante em tudo isso é a convergência de dois eixos independentes: o da farmacologia e o da representação social da individualidade, na determinação da depressão como paradigma...

ALAIN EHRENBERG — Não me parece que seja uma determinação. Não há determinismo técnico. Não acho que sejam os medicamentos em si que geram estas representações e determinam a delimitação do campo. A farmacologia e a própria molécula ocupam um lugar absolutamente decisivo, mas não é um lugar de causa. Penso que a associação entre um tipo de medicamento de espectro de ação bem abrangente e um certo número de problemas de diagnóstico conduziram ao abandono do antigo modelo da depressão, mesmo se, na prática, este modelo continue sendo utilizado por muitos clínicos. Logo, não se deve pensar que a descoberta da molécula é a causa principal de todas estas mudanças. O antidepressivo não se tornou, tal como queria Kuhn — o inventor da imipramina —, um medicamento específico da depressão endógena, mas antes, como acreditava Kline — o inventor do primeiro IMAO (grupo de antidepressivos cuja sigla significa inibidores da monoaminoxidade) —, um energizante psíquico, segundo sua própria expressão (psychic energizer).

MICHEL BOTBOL — Será que se poderia dizer melhor, afirmando que há uma dialética entre estes dois modelos de psicopatologia? Seria possível indicar uma evolução no sentido desta dialética? No momento do aparecimento dos primeiros serotoninérgicos nos Estados Unidos, a publicidade era muito antipsicoterápica: via-se um barbudo freudiano, um divã vazio, e a legenda: "Os nossos pacientes nós os preferimos de pé." Ninguém hoje faria uma publicidade desse tipo.

ALAIN EHRENBERG — Sim, eu próprio vi há alguns anos uma publicidade de um laboratório também com um foto de Freud, que deixava subentendido: "Nós não somos mais que vendedores de medicamentos." O problema é que, ao menos implicitamente, estas posições referem-se às terapias cognitivo-comportamentais que partilham com a concepção farmacológica a mesma visão do paciente e da patologia. Ou seja, considera-se o problema em termos de mecanismos mentais ou mecanismos neuronais, sem um interesse verdadeiro pelo tecido subjetivo que singulariza a especificidade da pessoa, a natureza do animal humano que vive em sociedade. Mas é preciso, de modo sistemáitco, se interessar de perto por este tecido? Em nome de quê?

MICHEL BOTBOL — O senhor acha que, apesar desta confusão teórica, a referência à psicoterapia marca o retorno de uma tensão corpo-espírito que estava a ponto de ser esquecida pela psiquiatria dominante?

ALAIN EHRENBERG — É preciso analisar isso mais de perto. Na atualidade, me interesso por dois temas: o primeiro diz respeito às novas relações que começam a se estabelecer entre neurologia e psiquiatria pela via da técnica da imagem cerebral e da neurobiologia molecular. O lugar cada vez mais proeminente destas abordagens é uma tendência muito forte na literatura universitária, a que conta para fixar as normas, com o objetivo de dar um fim à divisão entre neurologia e psiquiatria, aogreat divide, como se costuma dizer nas revistas americanas. Para ser breve, o personagem principal desta divisão é Freud, quando distingue, em 1891, a afasia neurológica da afasia histérica, esta última sendo algo que se passa no corpo, mas que não provém do corpo, ao contrário da primeira. As neurociências muitas vezes tiveram a pretensão de poder acabar com esta divisão, o que desemboca em uma visão neurológica da patologia mental. Todo problema mental teria, de um modo ou de outro, uma tradução cerebral. Para mim, a psicanálise freudiana é a única abordagem inteiramente individualizada, no sentido de que não há qualquer transcendência do sintoma em relação ao sujeito e para a qual tudo se passa na linguagem, pois o que Freud descobriu foi o poder mágico das palavras, conforme nos lembrou muito bem o historiador John Forrester. No entanto, é freqüente se compreender mal o que a psicanálise diz e faz — os psicanalistas têm sua parte de responsabilidade nisto. Do lado da própria psicologia cognitiva, verifica-se este mesmo movimento em direção ao cérebro; a psicologia reencontra enfim — como nos explicam os autores de Cerveau et psychologie (Cérebro e psicologia) destinado aos estudantes de psicologia — seu interlocutor de referência.
Isto coloca muitos problemas, pois em tudo que se publica em revistas como a Archives of General Psychiatry ou The American Journal of Psychiatry, graças aos novos instrumentos da biologia molecular e da técnica da imagem cerebral, pretende-se estabelecer uma ponte entre o espírito e o cérebro. O problema é que se não for um problema de ponte, ela jamais será construída.
Dizem também que o cérebro é o objeto mais complexo do universo. Mas a noção de complexidade talvez não seja adequada: será que não se acaba eliminando a natureza específica dos fenômenos do espírito colocando-o sob a palavra aglutinante: "complexidade"?
Verifica-se um grande investimento da metodologia e dos instrumentais mas nenhuma reflexão conceitual em psiquiatria.
Além disso, este ponto de vista supõe um raciocínio dualista sobre o qual se pode apontar, conceitualmente, os impasses. Ora, mesmo na biologia não se é obrigado a pensar que o espírito está no cérebro. Por exemplo, os neurobiólogos do desenvolvimento (tal como Alain Prochiantz) pensam que o espírito é um fenômeno resultante da adaptação do organismo ao meio. Claro que o cérebro desempenha um papel muito importante nesta adaptação, mas esta importância não impõe que o espírito possa reduzir-se ao cérebro para um neurobiólogo. O problema das neurociências utilizadas em clínica psiquiátrica é que elas se fundam sobre esta teoria redutora, ou seja, a idéia de que a causa dos fenômenos psíquicos está no cérebro. Encontra-se aí o velho sujeito transcendental, porém materializado. É a alma de Descartes, mas uma alma material. Paradoxalmente, se está tanto na teologia quanto na ciência.
É claro que temos um corpo, logo, necessariamente, tudo o que sentimos implica em mecanismos cerebrais. Além disso, sob o ponto de vista do método, a biologia deve, para fazer seu trabalho, reduzir o homem a seu corpo. O passo excessivo é quando se faz do cérebro o ator das operações mentais, o motor da pessoa.
Isto elimina a natureza social da individualidade e, por conseqüência, os conflitos morais que se encontram na fonte inconsciente de numerosas neuroses. É aí, me parece, que a psicanálise tem, ainda, algo a dizer.

MICHEL BOTBOL — Escutando-o, eu me dizia que se encontra aí a oposição que propõe em seu livro entre o modelo freudiano do conflito e o modelo de Janet da insuficiência. De certo modo a idéia de que o déficit é a conseqüência de uma disfunção neurológica acompanha a idéia de um cérebro ator do espírito.

ALAIN EHRENBERG — De fato. Penso que o cérebro, hoje, não é mais simplesmente um fato científico, é também um fato social. Verifica-se cada vez mais referências ao cérebro nas mídias, na imprensa. Na atualidade, tanto palavras da psicanálise quanto palavras que vêm da neurobiologia entraram na língua corrente. Por exemplo, penso no testemunho de William Styron em seu livro sobre seu episódio depressivo. É interessante de se ler, porque o autor adotou inteiramente a linguagem do DSM para contar o que lhe acontece. O mesmo com relação a um romance que fez muito sucesso nos Estados Unidos, um romance formidável: Les corrections, de Franzen. Neste livro, dos cinco personagens, um se mostra preocupadíssimo com a depressão. Ele se encontra tendencialmente na 'depressão subclínica', como ele próprio diz. Teme cair na depressão 'clínica', porque sua mulher e seus filhos poderão tomá-lo como um doente e, então, sua palavra não terá qualquer validade para eles. Dito de outra forma, a descrição de suas relações de casal e de família passa pela referência à depressão — suas transmissões neuroquímicas o preocupam enormemente. Observa-se, com isso, até que ponto se adota, aqui, uma nova linguagem que faz referência à biologia. Claro que o mesmo ocorre com a psicanálise.
Pensemos no 'trabalho de luto', por exemplo. Há uma tentação naturalista-biológica de um lado, e uma tentação psicológica, por outro, que pode ser também psicanalítica, mas são duas faces de um mesmo modo de ver as coisas. Hoje, mais e mais problemas são definidos em termos de sofrimento psíquico e suas soluções são propostas em termos de saúde mental — segundo tema sobre o qual trabalho. A referência ao par sofrimento psíquico/saúde mental se difunde no contexto de uma medicina do bem-estar, da qualidade de vida. É um movimento que está para além da psiquiatria.
Eu diria que, no fundo, nossa sociedade adotou uma nova linguagem, que é a linguagem da vulnerabilidade individual. Isto não significa que as pessoas são mais vulneráveis que antes ou que sofram mais que antes, contudo, é isto que ganha evidência quando se descrevem todos os tipos de situação. É certo que a saúde mental é um novo domínio da saúde, porém, de maneira mais profunda, penso que é um modo de nomear confusamente toda uma série de problemas que acompanham a sociedade da autonomia.
Na lei de modernização de janeiro de 2002, na qual se encontra a lei sobre o assédio moral, verifica-se, nos diversos trabalhos preparatórios, ser preciso acrescentar em tudo, no Código de trabalho ou em qualquer outro lugar, o adjetivo 'mental' toda vez que for questão do físico. Por exemplo, onde está colocado 'saúde física', é preciso acrescentar 'e mental', onde está apenas 'saúde', é preciso acrescentar 'física e mental'. Acho que há uma função de totalização dos adjetivos 'mentais' e 'psíquicos', porque estes adjetivos são um modo de designar a pessoa como um todo. Ora, justamente, no mundo da autonomia se invoca a pessoa em sua totalidade.
O individualismo não tem nenhuma relação com as idéias de retração para o privado ou de perda de referenciais. O individualismo é, antes, um modo de ação. Ou seja, trata-se, hoje em dia, de socializar pessoas que possam decidir e agir por si mesmas, como uma totalidade. O ideal social ou a normatividade social de hoje é que, em qualquer tipo de instituição, é preciso evocá-la na sua totalidade.
Para mim, o par sofrimento psíquico-saúde mental é um modo de designar estas novas formas de socialização em referência à autonomia.
Mas a autonomia é uma norma. É necessário precisar isso porque aí, também, houve muito qüiproquó sobre o que eu disse, inclusive em críticas que até podiam ser elogiosas. Eu nunca disse que as pessoas antes eram disciplinadas e agora autônomas, que eram culpadas e neuróticas e hoje insuficientes e deprimidas. O que me interessou foram estas transformações normativas, e não a realidade pessoal ou clínica de meus contemporâneos. Dizendo de outra forma, a autonomia é um elemento a partir do qual somos medidos, como o era antes a disciplina. Não se tem que tomar a autonomia por uma substância, uma realidade; é uma linguagem, e como tal, é alguma coisa normativa, que implica expectativas.
Em 1968 a autonomia aparecia como uma contestação do poder, do exercício da autoridade. Era um erro, na verdade se estava em vias de secretar uma nova linguagem, de mudar de mundo. Pense em Surveiller et punir (Vigiar e punir), de Foucault, este grande livro das disciplinas publicado em 1975, justo no momento em que este mundo estava explodindo. Era nossa gramática social que estava evoluindo.
Penso que se cruzam, aí, as duas faces que me interessam na questão da saúde mental: de um lado, a tendência à naturalização completa do espírito pela via das neurociências — é a tentação biológica; por outro, o discurso sobre o sofrimento psíquico que se tornou uma verdadeira ideologia — é a tentação psicológica.

MICHEL BOTBOL — Mas de uma psicologia sem desejo, sem inconsciente ou com um inconsciente desprovido de intenção, bem distante do inconsciente freudiano.

ALAIN EHRENBERG — Isso mesmo. Acho mesmo que quando se diz 'inconsciente' é necessário sempre precisar. Muitas vezes, as pessoas falam de inconsciente como se inconsciente fosse assimilável à psicanálise. Não. Na psicanálise, se trata de um inconsciente particular, o inconsciente sexual que coloca a questão do desejo. Para Freud, é a tensão do desejo que domina o eu. Ele inventa a idéia, descobre o fato de que se pode ficar doente de seu desejo.
Nas duas tendências que eu evocava, a naturalização e a ideologia do sofrimento, há a noção de psíquico que no fundo desaparece. De um lado é o social que penetra diretamente na pessoa (ou seu cérebro, se prefere), por outro, você tem um cérebro ou um espírito-cérebro.
Mas também temos dificuldade em marcar o que a psicanálise tem a dizer quando intervém com regularidade nas questões institucionais. Pensamos nos debates sobre o PACS,6 em que os psicanalistas se dividiam entre 'reacionários' e 'progressistas'. De um lado, se faz "do" simbólico uma realidade substancial com uma espécie de fetichização das regras sociais e, por outro lado, se está quase sempre em uma ideologia da escolha total (a diferença dos sexos não seria mais que uma vizinhança). O que se perdeu de vista é a questão da necessidade: uns não a vêem mais, outros a formulam como uma espécie de lei divina, como se as sociedades não pudessem evoluir, como se o parentesco não fosse uma noção suscetível de evoluir. Fala-se, então, de dessimbolização como se os conteúdos simbólicos não pudessem mudar. Parece-me que por trás de tudo isso há uma extrema dificuldade em pensar a natureza social do homem numa sociedade individualista.

Tradução: Regina Herzog
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1 Principais obras de Alain Ehrenberg: Le culte de la performance (Calmann-Lévy, 1991; col. Pluriel, 1995); L'individu incertain (Calmann-Lévy, 1995; col. Pluriel, 1996); La fatigue d'être soi: Dépression et société (Odile Jacob, 1998; Odile Jacob Poche, 2000).
2 DSM é o manual diagnóstico e estatístico de transtornos mentais elaborado pela American Psychatric Association, em 1952. Este manual sofreu revisões em 1968 (DSM-II), 1980 (DSM-III) e 1994 (DSM-IV).
3 Sismoterapia é a técnica terapêutica que se vale do efeito do choque dos acessos convulsivos provocados artificialmente (pelo cardiazol, eletrochoque, etc.). (N. da T.)
4 AMM é a autorização para que um medicamento seja colocado à venda no mercado (em francês:l'auttorisation de mise sur le marché).
5 Defectologia é o ramo da medicina concernente a doenças consideradas irrecuperáveis para uma vida cujo ideal seja a autonomia e a realização de si. (N. da T.)
6 PACS é o pacto civil de solidariedade estabelecido entre duas pessoas que vão morar juntas sem se casar oficialmente (em francês: Pacte Civile de Solidarité).
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 Fonte: Ágora, v. 7, n. 1.